Yo escribo para escucharme,
Como cualquiera al que no le vale cualquiera.
Y a veces no entiendo nada.
Un acompañante para volar a Uyuni,
A enredarme en el jodido Salitre, como Quique,
Y que no le importe que se me congelen las manos
Y se me agriete la piel.
Me apetece sentarme,
Allí.
Que no me hable mucho,
Que se me duerman los pies sin querer,
Gritar un poco,
Y acumular arrugas por exceso de sonrisas,
Que es lo único por lo que se inventó el tiempo,
Para que pase.
Y una chimenea para hacernos un puto lío precioso,
Por favor.
S.
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