Hay mil millones de cosas[1] que haríamos,
[1] Saltar en paracaídas, un viaje a París, pasear a caballo, un crucero por el Atlántico, comprar una casita blanca en una playa bonita, ir a ver como despegan los aviones de Barajas, esquiar los Alpes Suizos, nadar con delfines, o con tiburones, montar en camello, ver el Empire State, carreras de quads, comprarnos un velero, ver la final del mundial en vivo, viajar a Alaska, escalar un volcán, escribir nuestro libro, ordeñar una vaca o yo que sé, ir a Machu Pichu en Perú.
Todas ellas increíbles por ser experiencias únicas, pero como es habitual, yo diría tradición, el ser humano falla, y fallamos al no darnos cuenta de cosas[2] que tenemos, que son tan o incluso más únicas.
[2] Un beso con pedorreta, una pelea de almohadas, muerte por cosquillas, correr bajo la lluvia y un Colacao calentito después, un ciego tonto, comprar mucho queso, pasear sin rumbo, el cine de Callao, una manta súper caliente, leer un libro que te guste, hacerte videos cantando, que te toquen el pelo, dormir, comprar flores, una serie chula, que te cojan del meñique, dormir juntos, un zumo de naranja natural, mil besos por segundo, planear cosas[1] , cocinar con música, el sexo, y el cigarrito de después, hablar de todo con alguien, una maratón de videojuegos, o yo que sé, llorar de la risa.
No dejemos de valorar las cosas[2], son las que nos hacen felices día a día.
Las cosas[1] también por supuesto, pero solo en esos momentos puntuales.


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